jueves, 8 de octubre de 2009

Historia de la Archicofradía del Stmo Sacramento


El día 6 de noviembre de 1561, según consta en los libros de visitas del Palacio Arzobispal, se aprueban las primeras Reglas de esta Archicofradía, siendo Arzobispo de Sevilla don Fernando de Valdés, quedando constituida en la iglesia parroquial de Cantillana bajo la advocación y título de "Archicofradía del Santísimo Sacramento". Sin embargo no es descartable y entra dentro de lo probable, que esta Hermandad fuera fundada a principios del siglo XVI bajo la iniciativa de doña Teresa Enríquez de Alvarado, prima hermana del Rey Fernando el Católico y esposa del Comendador Mayor de León don Gutierre de Cárdenas, quien dedicó todos sus esfuerzos y fortuna a propagar y dignificar el Culto Eucarístico, fundando en 1508 la primera Hermandad Sacramental de España en Torrijos, siguiendo a ésta otras muchas del mismo carácter por toda la geografía española, varias de ellas en en el año 1511.
Desde sus inicios quedan vinculados a la Hermandad los Condes de Cantillana, que se convierten así en sus principales benefactores, quedando constancia de ello en el primer libro de matrícula que conserva la Hermandad, en el cual aparecen inscritos como hermanos de la misma.
Los cultos eucarísticos que celebraba la Hermandad, conforme a sus primitivas Reglas, se circunscribían a los domingos terceros de cada mes y con más solemnidad el jueves santo y la infraoctava del Corpus Christi; en todos ellos se tenía por costumbre el recibir o inscribir a los nuevos hermanos y hermanas. Para la adoración al Santísimo Sacramento el jueves santo, la Hermandad Sacramental instalaba en la parroquia el Monumento Eucarístico, siendo éste de grandes proporciones, fabricado en madera, blanco y parcialmente dorado, con tres cuerpos a imitación del que también se montaba en la Catedral de Sevilla y que tristemente fue destruido en los primeros días de estallar la guerra civil junto con la mayor parte de su rico patrimonio.
Esta Archicofradía llegó a poseer una extensión de tierras de labor, así como algunas casas en la villa. Con los frutos que daban estas tierras más las rentas procedentes de las casas, se solían dar limosnas a los hermanos más necesitados, a los que reunía en la casa-hermandad o casa-taller que aún existe en la Plaza del Palacio; allí repartía los usufructos antes mencionados con los que aliviaban las precarias situaciones de los hermanos más necesitados. Asimismo estas rentas se empleaban en decir y rezar misas por las almas de los hermanos difuntos.
Son breves y escuetas las noticias que se tienen de la Hermandad durante los siglos XVI y XVII, pero sí se puede hacer constar que el esplendor de la misma empezó a fraguarse durante estas centurias. Como muestra de ello se sabe que en en 1674 poseía de renta anual 85.000 maravedíes para misas y gastos generales.
Los primeros años de la postguerra son tremendamente difíciles ya que, unido a la pérdida de su patrimonio durante la contienda civil, se suma también la desaparición de buen número de hermanos, con lo que la Archicofradía entra en un periodo de crisis, superado gracias a la labor e iniciativa de incansables personas como el hermano mayor don Juan Arias Rivas, quien luchó por restablecer a la Hermandad su antiguo esplendor, haciendo apostolado y ejerciendo los ideales y fines primeros de esta Archicofradía; o como doña Ana Solís Olavarrieta, que en nombre de la Hermandad hizo numerosas obras de caridad y llevó a cabo ayudas de todo tipo, costeando de su pecunio particular la reposición y construcción de la nueva Custodia de plata, que fue bendecida y entregada a la Hermandad el día 30 de octubre de 1951. A pesar de los difíciles momentos de la época, otras muchas personas que permanecieron en el anonimato contribuyeron, directa o indirectamente en nombre de la hermandad, en hacer una labor sorda a la hora de socorrer a los hermanos necesitados y colaborar con ellos para acabar con las dificultades y penurias del momento.

Javier Arias

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