domingo, 29 de agosto de 2010

REGLAS DE LA HERMANDAD (III)

TITULO III

DE LOS CULTOS Y DE LA ESPIRITUALIDAD


REGLA 15ª

DEL DIRECTOR ESPIRITUAL

El Director Espiritual será el representante directo del Prelado en la Herman-dad, y su nombramiento se ajustar, a las Normas Eclesiásticas en vigor.

La Hermandad fomentará su propia espiritualidad y desarrollará un auténtico apostolado seglar entre sus hermanos y demás personas que con Ella se relacionen. Esta tarea compete a todos los hermanos sin distinción, y, muy especialmente, a los que desempeñan las tareas y responsabilidades de gobierno en el seno de la Junta de Oficiales.

El Director Espiritual, será el impulsor y animador de la espiritualidad y el vigilante del cumplimiento de las normas litúrgicas durante los cultos, debiéndosele re-conocer todos sus derechos y competencias específicas, al tiempo de que es consciente de sus obligaciones: promover la caridad fraterna entre los hermanos, dirigir y aseso-rar los actos litúrgicos de la Hermandad, y la formación cristiana mediante catequesis, cursillos, predicaciones, charlas y convivencias, según las directrices pastorales esta-blecidas. Para ello, y de acuerdo con la Junta de Gobierno, deberá contar con la colaboración de todos los hermanos, especialmente, de aquellos que ocupan cargos con relación directa a la misión que se le encomienda.

El Director Espiritual asistirá, cuando lo estime oportuno, con derecho de voz a todos los Cabildos de Oficiales y a los Cabildos Generales, pudiendo usar de su voto en estos últimos si en él concu-rre, al mismo tiempo, la condición de hermano de esta Hermandad.


REGLA 16ª

DE LOS MEDIOS PARA FOMENTAR LA ESPIRITUALIDAD

Los hermanos deberán participar, de forma activa y responsable, como deber para con la Hermandad, en cuanto organizare la comunidad cristiana a la que perte-nece en orden a la formación y profundización de la fe o de la debida formación cultural y cristiana de sus miembros.

No obstante, la Hermandad deberá ofrecer los medios necesarios que ayuden a los hermanos a descubrir el sentido de su vida cristiana, el valor positivo de las relaciones humanas y el mensaje de Jesús.

Con todo ello, los hermanos no quedan eximidos, a nivel particular y privado, de su obligación de ofrecer en el seno de la Hermandad y fuera de ella, un compor-tamiento ejemplar y edificante que sirva como estímulo a los demás hermanos, para acrecentar sus virtudes y para mejorar su vida y su relación con los demás.

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