lunes, 28 de febrero de 2011

El mensaje del profeta Isaías (Is 1, 10-20)

Vivimos un tiempo especial en toda la Iglesia Universal: nos preparamos para celebrar la Muerte y Resurrección de Cristo, el gran misterio de nuestra fe y de nuestra propia vida. Oración, penitencia, caridad, son los medios quedeben definir el estilo de vida que purifique nuestro interior para poder participar en el misterio.

El profeta Isaías (740-701 a.c.) predica en el Reino del sur(Jerusalém), en una sociedad muy celosa en cumplir las normas y ritos celebrados en el templo, pero olvidada de la alianza con Dios, de los que sufrían y de los más marginados.

Con voz profética, su actividad no fue fácil. Tuvo que enfrentarse a los poderes políticos-religiosos para que no hicieran alianzas con pueblos paganos, pues esto suponía romper la alianza con Dios, por lo tanto, romper la única comunicación con el único Dios y Señor(Dt 15, 1-11). Desenmascara la confianza mágica en el templo y denuncia un culto sin contenidos morales y solidarios. Viven una doble vida: la vida religiosa por un lado y la vida diaria alejados de Dios por otro(Dt 6, 1-9).

Socialmente, denuncia a los poderosos por sus abusos y a los jueces por su parcialidad; condena el lujo y el consumismo, los usureros, los terratenientes avariciosos y los comerciantes inmorales(Lv 25.39-55). Era el ambiente propio que se vivía en el pueblo, contrario a la voluntad de Dios. El profeta habla en el nombre de Dios.

El texto a reflexionar, se ha dividido en varias partes:

Juicio de Dios comparándolos con las ciudades pecadoras.

"Oíd la Palabra del Señor, príncipes de Sodoma; escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblos de Gomorra. ¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios?, dice el Señor".

Rechazo de Dios al ritualismo religioso.

"Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de cebones; la sangre de novillos, corderos y machos cabríos no me agrada. Cuando entréis a visitarme y piséis mis atrios, ¿quién exige algo de vuestras manos? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable.

Novilunios, sábados, asambleas,... No aguanto reuniones y crímenes. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto: se me ha vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre."

Lo que Dios quiere

"Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al oprimido; defended al huérfano, proteged a la vida..."

A pesar de todo, el amor y la misericordia de Dios se hacen presente: si hay arrepentimiento, el perdón y la misericordia de Dios no faltarán.

"Aunque sean vuestros pecados como la púrpura, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis ; si rehusáis y rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor."

UN MENSAJE PARA HOY

En nuestra oración, reflexionar sobre la Palabra que Dios pone en boca del profeta. Se hace una crítica sin ambiguedades, no podemos vivir una vida lejos de Dios, adorando falsos dioses que nos creamos, dándoles más importancia que al único Dios vivo y verdadero. Ello es la idolatría, el laicismo y la negación de lo sagrado, porque lo material nos seduce y vivimos para ello, adorándolos como dioses.

Por esto reacciona Dios cuando acudimos al templo a cumplir con los ritos sagrados: nos echa en cara, muy duramente, que está harto de nuestra frivolidad y solemnidad, de los dones vacíos, cuando él no nos pide nada. No podemos presentarnos en el templo con las manos manchadas con nuestros pecados... lo que agrada al Dios es que hagamos el bien, practiquemos la caridad y la justicia con los más pobres y débiles(viudas, oprimidos, huérfanos, eran los marginados de la época). Que vivamos en comunión con él, presente en los Sacramentos, y con los hermanos más necesitados y pobres.

Como un Dios Amor y Misericordia, nos llama al perdón: "aunque fueran vuestros pecados como la púrpura, blanquearán como la nieve". No guarda rencor, no es negativo, no quiere el castigo, sino la felicidad del hombre que sólo está en la unión con él.

Dice Juan Pablo II, como expresión de Amor de Dios: el grito de Jesús en la cruz es la oración del hijo que ofrece su vida al padre en el amor para la salvación de todos. Mientras se identifica con nuestro pecado, "abandono por el padre", el se abandona en las manos del padre(Novo Milenio Ineunte, Capt II, nº 26).

Manuel Moreno Núñez

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