jueves, 29 de septiembre de 2011

Corpus Christi en Hinojos (Huelva)

Lejos de las fiestas hermanas en simpleza que son tan frecuentes en cualquier provincia, hay pueblos que han sabido mantener su personalidad folclórica por encima de modas advenedizas que han hecho de las costumbres populares una seriada pobreza muy alumbrada pero sin sabor. Eso tan importante en todo, el sabor, es lo que ha ido perdiéndose en lugares en los que ayer la impronta popular fue haciendo cultura sencilla y honda. Fiestas que ayer apenas eran únicas por su peculiar estética y manera de entenderlas, son hoy un calendario festivo ruidoso y común en el que el tiempo no envejece porque no tiene dónde.

Había oído hablar del Corpus de Hinojos, ese pueblo que no pierde lo que de sevillano tuvo antes de que Isabel II lo hiciera huelvano en una permuta. Conozco Hinojos y sé de su centro único en toda la zona, de su belleza sencilla, del impecable blancor de su estrechez callejera, de la hermosa mezcla que resulta, en la luminosa plaza principal, la torre almenada de la fortaleza hecha una con el mudéjar magnífico de la parroquia de Santiago. Pero no conocía el Corpus. Sé que hay otros lugares en el Condado donde lo celebran tanto, pero no sé si resulta tan bellísimo como en Hinojos. La primera impresión al entrar —hay que entrar al paisaje del Corpus de Hinojos— es la de una sevillana Santa Cruz vegetal. La cal se hace verdor pespunteado de azules, pajizos, amarillos, rojos, en un cuadro sin parangón hecho estación de reverencia en los bellísimos altares dispuestos en las distintas calles. Ramas de eucalipto que barbean los aleros de los tejados, espadañas acostadas sobre esas ramas, apretura de helechos, lentisco, piñas secas, espigas, flores de adelfa, biznagas, hinojos…, el campo conquistando el pueblo para rendirle honores al Dios callejero del Corpus. Y entre las ramas, hermosos y sencillos arcos de flores para señalar la entrada de las casas. Calles alfombradas de romero que perfuman al alba como un paseo por el pinar. En la mañana dura de un sol de domingo que baña de oro la admirable Custodia, estandartes y rezos, niños vestidos de primera comunión y un pueblo que ha sabido sostener, altísima, una tradición con sabor único. No he visto Corpus más bello, ni más sencillo, ni más del pueblo: nada viene de ningún sitio que no sea Hinojos. Todo queda dentro con el sabor de quienes han aprendido amando lo que hacían. Que nadie, ni una Reina, permute jamás esa belleza.

Articulo aparecido en el diario ABC de Sevilla el 9/6/2010 escrio por D. Antonio García Barbeito.

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