martes, 3 de enero de 2012

La Devoción a la Imagen del dulce Nombre de Jesús que se venera en la Iglesia de la Misericordia y su participación en la procesión del Corpus Christi

"En este día primero de año se celebra la Festividad del Dulce Nombre de Jesús, en el cual publicamos este artículo publicado en nuestro boletín Dives In Misericordia, número 6 de 2011 sobre la imagen del dulce nombre de Jesús que se venera en la iglesia de la Misericordia de Cantillana"

Poco o nada se ha escrito sobre la antigua devoción a la imagen del Dulce Nombre de Jesús que se venera en la iglesia de la Misericordia de Cantillana. Estamos ante una de las muchas devociones que a lo largo de los siglos XVI y XVII florecieron entre los devotos de este pueblo, y una de las pocas que han perdurado hasta la actualidad, pues aunque su cofradía quedó extinguida ya en pleno siglo XIX, su imagen y devoción (lógicamente de una forma menos intensa) han sobrevivido hasta nuestros días, convirtiéndose así, en una de las más antiguas de entre las existentes en nuestro pueblo.



Aunque la imagen es titulada del Dulce Nombre de Jesús, la mayoría de los cantillaneros la conocen de forma cariñosa como el Niño de Dios de la Misericordia o el Niño de la bola, aludiendo al título de la ermita donde se encuentra o a la esfera que la efigie porta en su mano izquierda. Se trata de una imagen esculpida en madera policromada, perteneciente a la primera mitad del siglo XVII y atribuible por sus rasgos estilísticos a la escuela Montañesina. Representa al Niño Jesús que permanece de pie sobre una peana, en actitud de bendecir con su mano derecha, mientras que con la izquierda soporta una esfera que representa el mundo y cuyo significado es la realeza de Cristo. Las grandes dimensiones de la talla nos hace pensar que no fue concebida como simple icono de devoción particular, sino más bien como imagen para ser expuesta al culto público.

No existe dato alguno acerca del origen de esta devoción en Cantillana, aunque es lógico situarlo en el seno de la antigua cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Santa Misericordia que existió en nuestro pueblo, precisamente en la misma iglesia en la que siempre ha permanecido la devota imagen del Niño de Dios. Desconocemos la fecha del inicio de esta corporación, pero podríamos encuadrarla con bastante fundamentación en la segunda mitad del siglo XVI, periodo en el que proliferaron la fundaciones de hermandades con la advocación del Dulce Nombre de Jesús (tales como la de Sevilla, Estepa o Marchena) debido a los abundantes privilegios que les concedía la Santa Sede. Entre ellos los otorgados en la bula “iniunctum Nobis” de 1564 por el papa Pio IV, el cual aprueba y pone bajo su protección a las cofradías que con esta advocación existían ya en nuestro país y cuyos fines, según menciona dicha bula, eran las obras de piedad, de misericordia y la lucha contra la blasfemia. En nuestro entorno, el propio Arzobispo de Sevilla, Don Cristóbal de Rojas, en 1572 favoreció la creaciones de estas corporaciones en su Archidiócesis con el fin de reprimir las blasfemias, votos y juramentos que se hacían a Dios.

La propia iglesia de la Misericordia, en la que estuvo establecida la citada hermandad, data igualmente de la segunda mitad del siglo XVI, lo cual nos hace pensar que el origen y la vida de edificio-cofradía fueron siempre de la mano, quizás de ahí la coincidencia de ambos títulos. El historiador del arte e investigador Don Antonio López Hernández expone la hipótesis de que dicha capilla junto con el espacio que ocupa la actual plaza aledaña de la izquierda y por detrás, hasta la conocida calle de La Cava (hoy virgen de Fátima) conformaron un mismo edificio que recibió uso de hospital. No tenemos constancia de éste ni de su uso hasta finales del siglo XVII con el inicio de la regulación de las visitas episcopales, aunque podemos aceptar la teoría de que pudo desempeñar dicha función desde su construcción. Por lo tanto, no es de extrañar que la mencionada cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Santa Misericordia, muy relacionada con las advocaciones hospitalarias, fuese creada con ese fin asistencial y pudo organizar aquel pequeño hospital orientado más que a la curación de las enfermedades, a procurar una muerte digna.

Los primeras referencias sobre la existencia de la cofradía y el edificio que regentaba son del siglo XVII, concretamente en la visita pastoral de 1674, es identificada como cofradía de la Misericordia, a la cual se le atribuye una renta de 40.000 maravedíes y unos gastos destinados al mantenimiento de su ermita, al pago del salario de la santera, a las limosnas y a sufragar su participación en la fiesta del Corpus. Hemos de suponer que por estos años, la cofradía ya veneraba en su ermita una talla del Niño Jesús, al que tuvo por titular y que seguramente se trata de la imagen que ha llegado hasta nuestros días. Lo mismo ocurre con el retablo mayor de la capilla, el cual según el ya mencionado Don Antonio López Hernández, es de finales del siglo XVII y resulta ser el original que se ha conservado hasta la actualidad. Pensamos que fue ejecutado y depositado en su actual ubicación, con la intención de adecentar la forma de exponer a la veneración la imagen del Dulce Nombre de Jesús (que desde entonces ha sido venerado en ese lugar), y en dar culto a los otros tres titulares de la cofradía; de ahí, que dicho retablo contenga dos pinturas de los martirios de los santos Servando y Germán y en el ático una pintura alegórica de la Santa Misericordia.

En los libros de visitas pastorales del siglo XVIII aparecen múltiples datos a cerca de la ermita o capilla del hospital de la Misericordia la cual, se dice expresamente, estaba a cargo de la cofradía del Dulcísimo Nombre de Jesús. Durante este periodo se le atribuye a la corporación una elevada renta y cuantiosas posesiones de tierras que conformaban capellanías instituidas a través de testamentos por sus fundadores, con el objeto de celebrar culto divino, la remisión de los pecados, sufragio por las almas y otras obras pías. En relación a los cultos que solemnemente celebraba, se hace mención a una fiesta con procesión, un sermón el día de san Gregorio, una fiesta durante la pascua del Espíritu Santo, otra el día de los santos san Servando y san Germán; el día de los santos inocentes y el día del Dulce nombre de Jesús, así como misas por los hermanos difuntos. Los gastos eran destinados a la celebración de los mencionados cultos, a las limosnas que se repartían durante la cuaresma en la puerta de la Misericordia, reparos en la capilla y el pago del salario de la santera.

Mención a parte merece el dato de la celebración, en pleno siglo XVIII, de una procesión de penitencia en Semana Santa, lo cual no es de extrañar pues todas las hermandades con esta advocación de nuestro entorno ya realizaban dicho culto penitencial en esta centuria, así destacamos la cofradía del Dulce Nombre de Jesús de Sevilla (en la actualidad fusionada con la Quinta Angustia) que procesionaba con su imagen titular en un paso alegórico durante la estación de penitencia en la tarde del Jueves Santo, la de Estepa y Osuna que aún mantiene dicha costumbre al igual que en Marchena donde para la ocasión el Niño Jesús aparece con los atributos de la pasión, revestido con rica túnica morada, una corona de espinas y portando sobre su hombro una cruz de plata, proporcionada a su hechura. Es muy probable que la cofradía de Cantillana celebrara este culto penitencial con su imagen, aunque de ello no tenemos constancia, lo que sí sabemos con certeza es que durante la cuaresma y semana santa, ésta era venerada de una forma similar a la anteriormente descrita de Marchena, con una túnica morada, corona de espinas sobre sus sienes y una cruz de madera sobre su mano, atributos que aún se conservan entre el ajuar de la imagen. Curiosamente el Niño de Dios procesionó vestido de esta forma en las mañanas de Domingo de Ramos durante las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo, participando en la procesión de Palmas que se organizaba desde le ermita de la Misericordia hasta la parroquia. La iniciativa de sacar a la imagen en este día partió del propio párroco con la intención de incentivar la participación de los niños del pueblo en la mencionada procesión. Aunque el objetivo se consiguió con creces, poco duró esta bonita práctica tan bien acogida por el pueblo, pues a finales de los años ochenta dejó de realizarse obedeciendo a los criterios del párroco de turno.

Ya desde finales del siglo XVIII la cofradía entra en una etapa de estancamiento, preludio de su inminente extinción en las primeras décadas del siglo XIX. La decadencia de la propia cofradía se hace patente en la descripción que en 1784 se realiza del hospital que tenía a su cargo, pues según se dice, no tenía enfermería y su dotación era para muy pocos. Desconocemos la fecha exacta de su desaparición, pero si sabemos que fue anterior a 1843 puesto que dicha cofradía no se encuentra entre las nombradas en una relación de hermandades existentes, que en dicho año, el por entonces arcipreste de Cantillana, Don Antonio Rodríguez Zapata, envió al palacio Arzobispal. Por otra parte tenemos constancia a través de la narración de un jubileo celebrado en Cantillana en 1826, de la existencia aún en dicho año del hospital de la Misericordia, ante lo cual y aceptando la teoría de que la corporación lo regentaba, suponemos que ésta seguía existiendo por entonces. Ante dichos datos, llegamos a la conclusión de que su extinción se produjo en el intervalo de tiempo comprendido entre los años 1826 y 1843.

La desaparición de la hermandad del Dulce Nombre de Jesús y Santa Misericordia no fue un hecho aislado, y es que tal y como apunta el Catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla Don Antonio García Benítez, a partir de 1835 se dan profundas transformaciones en la hermandades locales, desapareciendo paulatinamente, muchas de ellas desde finales del siglo XVIII. Hermandades tan prestigiosas y ricas como las de las Benditas Ánimas, la de Nuestra Señora de la Concepción , la del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, la de la Humildad, la de la Virgen del Rosario, la de la Virgen de Belén ect... desaparecen del panorama local, porque no resisten la ideología y política cambiante de los nuevos tiempos tan perjudicial en algunos aspectos para la religión y sus instituciones, sobre todo entre los años 1836 y 1842 en los que se produce la famosa desamortización de los bienes del clero. Estas hermandades se resintieron porque la bases religiosas, sociales, económicas e ideológicas que las sustentaban fueron transformándose y desapareciendo como fue el caso de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Santa Misericordia la cual, quedó despojada de su propia finalidad al dejar de funcionar el hospital que regentó a lo largo de su historia, hecho que la llevó ineludiblemente a su extinción. A pesar de ello, la devoción al Dulce Nombre de Jesús ha perdurado a lo largo del siglo XIX y XX hasta llegar a nuestros días, en cambio no fue ésta la suerte de otras muchas devociones de Cantillana que tras ver extinguidas sus respectivas hermandades, fueron siendo olvidadas paulatinamente, sobre todo tras los lamentables sucesos de 1936 en los que sus imágenes titulares fueron destruidas sin ser sustituidas posteriormente.

El fervor y el cariño que la imagen del Niño Jesús de la Misericordia despertó antaño y en la actualidad, ha sido sin duda una de las causas que han hecho perdurar su devoción. Igualmente lo es en gran medida, la circunstancia de que tras la extinción de su cofradía, la imagen titular no quedara descuidada y olvidada, sino que pasó al cuidado de la santera que vivía en la casa contigua a la capilla y que ya aparece mencionada como tal en los libros de visitas de las últimas décadas del siglo XVII. Dicha figura tan características, sin la que no podemos entender hoy día la devoción al Niño de Dios, sigue existiendo en la actualidad en la persona de Doña Carmen Reina Ferrera, cargo que ostenta por ser la benjamina de la familia, tal y como establece una tradición no escrita que se ha transmitido de padres a hijos. Antes que ella lo fue su madre, y antes su abuelo, así sucesivamente, y siguiendo la linea recta ascendente, esta familia lleva siglos de generaciones ocupando con orgullo el cargo de la santería de la iglesia de la Misericordia. Rosario (Q.E.P.D) la madre de la actual santera, vivió por y para su Niño de Dios, lo cuidaba con el mimo característico de una madre con su hijo, siempre lo consideró un miembro más de su familia al igual que lo sigue siendo para sus hijas. A ella le tocó sufrir el delicado y tenso ambiente de la guerra civil, ante el que no dudó en esconder la bendita imagen del Niño en un baúl en el que lo camufló entre su propio ajuar. Según contaba, se hicieron turnos de guardia antes las puertas de la Misericordia por cantillaneros de ambos bandos indistintamente, de hecho la citada ermita no llegó a ser saqueada, profanada ni incendiada como si lo fue la parroquia y la ermita de san Bartolomé. En la actualidad Carmen y su hermana Rosario se encargan de que la imagen y su altar siempre esté decente, así como de custodiar la ropa y vestir al Niño, todo un ritual que su familia desempeña desde hace siglos y del que presumen orgullosas.

Otra de las causas que han mantenido viva la devoción al Dulce Nombre de Jesús, es la participación anual de su imagen en la procesión del Corpus Christi, se trata del único culto en su honor cuya celebración ha perdurado hasta nuestros días. No tenemos dato alguno sobre su origen, tan solo el testimonio de los más mayores del pueblo afirmando que siempre lo conocieron, con lo cual nos aseguramos con certeza, que así lo hizo durante todo el siglo XX. La participación de imágenes como la del Niño Jesús, es una práctica muy extendida desde hace siglos en todas las procesiones del Corpus celebradas en nuestro entorno, es por ello, por lo que a falta de datos, con el ánimo de indagar sobre el origen de esta tradición en Cantillana, nos vemos obligado a fijarnos en otras procesiones similares de las que si se tienen constancia de su evolución, y cual mejor, que la de Sevilla, donde como en tantas ocasiones, se suele originar una costumbre que por influencia termina extendiéndose a otros lugares. Por ello es lógico pensar que fuera Sevilla, por la grandiosidad y solemnidad que llegó a tener en esta ciudad la procesión en el siglo XVII y XVIII, el lugar de donde provenga la costumbre de sacar en procesión a la imagen del Niño Jesús en nuestro pueblo, acompañando al Santísimo. En el Corpus de Sevilla ya procesionaban imágenes en el siglo XVI y XVII preparadas por sus respectivos gremios y cofradías, aunque no es hasta el siglo XVIII cuando se tiene constancia de la participación del Niño Jesús en el cortejo. Dicho dato se extrae de unos curiosos dibujos de un tal Nicolás de León Gordillo, que muestran la procesión del Corpus sevillano tal y como se celebraba en 1747 y donde se expresa que la Archicofradía del Santísimo Sacramento del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral lleva un Niño Jesús en un tabernáculo de plata sobre parihuelas. Por otra parte, en el plano local nos percatamos de que ya en 1698 existe una participación activa de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús y Santa Misericordia en el Corpus de este pueblo, pues empleaba parte de sus gastos en la celebración de dicha fiesta. Ante el mencionado dato y tomando como referencia la procesión del Corpus en Sevilla, podemos pensar que muy posiblemente, el Niño de Dios de la Misericordia ya procesionaba en Cantillana acompañando al Santísimo en pleno siglo XVIII.

Tras la extinción de su cofradía, la imagen del Niño siguió procesionando en la fiesta del Corpus, quizás reclamado por el mismo pueblo que le tenía gran devoción y cariño y estaba acostumbrado ya a su presencia en este día. La pervivencia de esta tradición tan arraigada en Cantillana se la debemos en parte a la santera y su familia, pues tratándose del Niño de Dios nunca escatimaron esfuerzos, y a la Archicofradía del Santísimo Sacramento pues ambos hemos de suponer, se hicieron cargo de preparar a la imagen y organizar su procesión tal y como lo siguen haciendo hoy día. Desde luego eran los más indicados para realizarlo, la santera porque ostentaba el cuidado de la imagen, y la Hermandad Sacramental porque era y es la organizadora de la procesión de SDM, a la cual siempre dio la mayor solemnidad e intentó no perder ninguno de sus elementos, de ahí que siempre incentivara la participación del Niño Jesús y otras imágenes en esta fiesta.

La forma de celebración ha permanecido inalterada a lo largo de los siglos. Al atardecer de la víspera del día del Corpus, se procede al traslado de la devota imagen del Niño de Dios desde la ermita de la Misericordia a la Parroquia, desde donde al día siguiente acompañará al Santísimo formando parte de la procesión. El Niño Jesús es portado en unas pequeñas andas llevadas por los niños y jóvenes del pueblo, sector de la población muy vinculado desde siempre con esta devoción, quizás porque se trata de una imagen infantil, graciosa y muy cercana con la que los más pequeños se identifican fácilmente. La añeja campana de la ermita con su inconfundible sonido tan agudo, el bullicio infantil que rodea constantemente al Niño de la bola, las devotas de la imagen detrás de sus andas, entre las que se encuentra la santera piropeando a su Niño, conforman un ambiente peculiar y agradable que envuelve una tradición de siglos y que Cantillana ha sabido mantener de forma intacta.

Según las fotografías más antiguas y el testimonio de los más mayores, el paso del Niño de Dios siempre fue de reducidas dimensiones proporcionado a la talla y a los niños o chavales que solían llevarlo. La imagen iba montada sobre una preciosa peana de madera con partes estofadas y otras enlacadas en rojo de gran valor artístico, alumbrada por cuatro candeleros con velas y adornado con cuatro jarras de plata con flores blancas, cedidas en mucha ocasiones por la Hermandad Sacramental. En todos los documentos fotográficos del siglo XX el paso aparece cubierto con unos característicos faldones de rayas rojo y blanco muy propios de estas andas, igualmente sabemos que siempre fue portado con maniguetas, pero recientemente en los años noventa y a iniciativa de los propios niños que lo llevaban, quizás movidos por la moda cofrade del costal, reclamaron unas nuevas andas a las que acoplarle trabajaderas. Tras dar el párroco su consentimiento, la petición fue atendida, realizándose una parihuela de mayores dimensiones a la anterior con una nueva configuración estética donde desparecieron aquellos elementos que siempre caracterizaron el paso como fueron los maniguetas, los faldones de rayas y la preciosa peana sobre la que iba montada la imagen. Ante esta nueva forma de portar las andas, y que dicho sea, va más con los gustos de la época, se organizó una gran cantera de niños entre 9 y 14 años que desde entonces, llamados por la tradición y atraídos por la afición al mundo del costal acuden anualmente y tras alcanzar la edad requerida, a los ensayos previos para ser costaleros del Niño de Dios de la bola, como así lo conocen. Ellos son los herederos de tantas generaciones de niños que tuvieron el privilegio de portar a la imagen bendita del Niño Jesús, y serán los futuros hermanos costaleros de la Hermandad Sacramental, pues aspirarán a portar el paso de la Custodia del Santísimo Sacramento cuando por estatura ya no puedan seguir llevando las andas del Niño, al igual que harán en el resto de hermandades de nuestro pueblo.

A nadie deja indiferente en la alegre y solemne mañana del Corpus, la graciosa imagen del Niño de Dios sobre su paso con su mano derecha repleta de espigas y gajos de uvas, envuelta en la luz característica de ese día y rodeada de detalles que permanecen ajenos al paso del tiempo y que conforman una estampa que parece haber salido del pasado. Igualmente elementos tan característicos de esta jornada en honor a Jesús Sacramentado, como las calles alfombradas de mastranzo y romero, las numerosas colchas y colgaduras que cuelgan desde los balcones, las cientos de macetas repletas de flores a uno y otro lado de la calle y como no, los majestuosos e impresionantes altares que hasta escasos años se levantaban en honor a Dios, que han sido el sello diferenciador de nuestra fiesta con la de otros lugares y que rodeados de polémica en los últimos años, atraviesan en la actualidad un periodo de decadencia, contribuyen para que este día tan importante para nuestra Fe, siga reluciendo más que el sol.

La procesión del Santísimo sigue un recorrido que apenas ha variado a lo largo de su historia, la imagen del Niño encabeza el cortejo, acompañado como siempre, de largas filas de niños entre quienes se encuentran los que han recibido la primera comunión, quienes acuden ataviados con el traje típico. Es muy común, como a lo largo del recorrido niños de distintas edades posan delante del paso o incluso encima de él (en el caso de los mas pequeños) para inmortalizar el momento a través de una de esas fotografías típicas de nuestra infancia y que todos conservamos como recuerdo del día del Corpus. Tras llegar el cortejo a la parroquia, el paso del Niño Jesús permanece parado en su lugar de costumbre a la espera de la entrada de SDM y una vez finalizada la procesión, la imagen es trasladada triunfalmente a su ermita acompañada por la banda de música que había tocado tras el Santísimo. Desde luego traslado genuino y con sabor añejo, donde la imagen, rodeada de un inmenso bullicio infantil, es mecida por sus pequeños costaleros al son de las marchas procesionales, y mientras tanto, en el interior de la ermita, otra imagen típica del día, la santera tirando una y otra vez de la cuerda que hace sonar la campana, para dar la bienvenida al Niño de Dios que vuelve a su casa.

Siglos acompañando al santísimo, un ritual que se repite cada año obedeciendo a una costumbre no escrita que se ha mantenido a lo largo del tiempo y que conforma una de las tradiciones mas típicas y arraigadas de nuestro pueblo. Son muchos las anécdotas y curiosidades que han rodeado a este peculiar culto externo a lo largo de su historia, de entre ellas y teniendo como límite la memoria de quien en la actualidad nos brindan su testimonio, solo podemos hacernos eco de las acontecidas en el siglo XX y en el actual, destacando los siguientes años: el año 1936 en el que debido al tenso ambiente social que existía, antesala del inminente estallido de la guerra civil, la procesión del Corpus no salió y por consiguiente tampoco lo hizo el Niño de Dios; el año 1937 en el que dicha imagen no procesionó limitándose a presidir un altar en las puertas de la ermita de la Misericordia; en el año 1961 el Niño Jesús llegó a procesionar hasta dos veces pues también lo hizo junto con otras imágenes del pueblo de gran devoción durante la celebración en Cantillana de las Santas Misiones, siendo portado en esta ocasión por muchachas del pueblo; el año 1987 en que la imagen salió recién restaurada después de un proceso que le devolvió a la talla su estado original; el año 1990 en el que debido a las obras de restauración que se llevaban a cabo en la parroquia, el Niño procesionó hasta la ermita de la Soledad desde donde se realizó al día siguiente la procesión con el Santísimo, finalizando la misma en la ermita de la Misericordia; en el año 1991 volvió a procesionar hasta el santuario de la Patrona, para participar al día siguiente en la procesión del Corpus que salió en esta ocasión el domingo por la tarde desde el citado Santuario hasta la Parroquia, contando con la presencia del por entonces Arzobispo de Sevilla fray Carlos Amigo Vallejo quién bendijo aquel mismo día, tras la entrada de SDM, el templo recién restaurado; el año 1994 en el que la imagen estrenó restaurada por un grupo de jóvenes del pueblo, una túnica bordada de gran valor artístico del siglo XIX y que es conocida como la “de cola”; el año 1995 en el que por primera vez, procesionó portada por costaleros estrenando un nuevo paso de mayores dimensiones al anterior; el año 2001 en el que la imagen estrenó una nueva túnica bordada, donada por el devoto Francisco Herrera (Q.E.P.D); los años 2004 a 2008 en los que por obras en la ermita de la Misericordia el Niño Jesús fue venerado en la parroquia, en un altar de la capilla del Sagrario, siendo suprimidos por estos años los tradicionales traslados de su ermita a la iglesia y viceversa.

En la actualidad la imagen del Dulce Nombre de Jesús es venerada a diario en el retablo mayor de la iglesia de la Misericordia, lugar donde siempre fue custodiada y sede de su devoción que alcanza más de cuatro siglos de historia. Entre la gente de aquel histórico barrio, donde se palpa el fervor hacia su imagen, lo consideran un vecino muy especial y un centinela protector al que suelen visitar diariamente, nunca le falta una vela, una flor o el rezo de un devoto. También nosotros desde estas lineas queremos elevar una oración al Niño Jesús en la que pedirle por todo el pueblo de Cantillana y en especial por los niños, sector tan vinculado con su imagen, por todas las generaciones de niños que de alguna u otra forma siempre estuvieron a su lado en las mañanas del Corpus, y por los que en un futuro llegarán a estar, para que los bendiga con su mano derecha, aquella que siempre tiene levantada en actitud de bendecir. Igualmente le pedimos por aquellos costaleritos que no pudieron llevarlo, por aquellos niños que nunca llegaron a formar parte de aquel bullicio infantil que siempre rodea su paso porque desgraciadamente no llegaron a nacer o porque simplemente no les dejaron vivir como consecuencia de nuevas ideologías, cada vez más imperantes en nuestra sociedad, que relegan a un segundo plano el Don más grande que nos regala Dios, LA VIDA.

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BIBLIOGRAFÍA:

  • Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Libros de visitas; años 1674, 1687, 1698, 1708, 1712, 1726, 1730, 1739, 1744, 1784, 1788. Legajos; 1445, 1337, 1343, 1347, 1353, 1365, 1375, 1383, 1387, 1445, 1446 respectivamente.

  • Archivo del Palacio Arzobispal de Sevilla, Legajo 94, nº 41. Cantillana, 1843. Lista de hermandades de esta vicaría.

  • Archivo Parroquial de Cantillana. Libro 18 de bautismos, años 1824 y ss. Narración del jubileo del año santo celebrado en Cantillana el 10 de Abril de 1826.

  • Archivo de la Archicofradía Sacramental de Cantillana

  • Pineda Novo, Daniel. Historia del Condado de Cantillana y de la Hermandad de la Divina Pastora. Sevilla 1970.

  • Lleo Cañal, Vicente. Fiesta grande. El Corpus Christi en la historia de Sevilla. Sevilla 1980.

  • García Benítez, Antonio. Los Manustcritos perdidos y hallados en Palacio. Sevilla 1984.

  • Procesión del Corpus de Sevilla: 1747, 8 tiras dibujadas con una carta de 1822 de José Blanco White. Editado por el Ayuntamiento de Sevilla 1992.

  • Colección: Misterios de Sevilla. Volúmenes: II, IV y V. Editorial Tartessos, Sevilla 1999.

  • Cuaderno de historia local nº3. Excelentísimo ayuntamiento de Cantillana 1997.

  • López Hernández, Antonio. La Iglesia de la Misericordia. Guadalviar nº1. Revista de cultura del Ayuntamiento de Cantillana. Junio 2004, especial Feria.


Jesús Cañavate Rodríguez

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